Mercado Laboral 5 min de lectura · 16 Jul 2026

El país cuenta los empleos, pero no las salidas

Por qué la estadística laboral dominicana mide inventario y no movimiento, y qué le cuesta eso a su empresa.

1 de cada 12 trabajadores ocupados dejó de estarlo en un año

Cada trimestre, el Banco Central publica cuántas personas están ocupadas en la República Dominicana. Al primer trimestre de 2026, la cifra fue de 5,236,178 trabajadores, un aumento interanual de 118,631 ocupados netos. El dato es sólido, la fuente es impecable, y la lectura que casi todos hacen de él es la misma: el empleo crece.

Esa lectura es correcta y, para una empresa que necesita entender su propia rotación, es casi inútil.

5,236,178 Ocupados en la República Dominicana al primer trimestre de 2026. Fuente: Banco Central (ENCFT).

El número es neto. Mide el saldo entre todo lo que entró y todo lo que salió del mercado laboral en doce meses. Un saldo de 118,631 es compatible con casi cualquier escenario de movimiento debajo: puede haber contrataciones masivas con salidas masivas, o un mercado prácticamente quieto. La cifra oficial no permite distinguir entre los dos. Cuenta el inventario al cierre. No cuenta cuántas veces se movió ese inventario para llegar ahí.

El inventario se mueve

Y el inventario se mueve más de lo que el saldo sugiere. El propio Banco Central lo publica, en una sección que casi nadie lee con esta lente. El panel de transición laboral de la ENCFT sigue a las mismas personas de un año al siguiente. De cada grupo de ocupados en el primer trimestre de 2025, el 6.5% había salido de la fuerza de trabajo doce meses después y un 1.8% adicional había pasado a estar desocupado. Cerca de uno de cada doce trabajadores ocupados dejó de estarlo en un año. Eso es movimiento, medido en fuente primaria, y no aparece en el titular de creación de empleo.

1 de cada 12 Trabajadores ocupados dejó de estarlo en un año — salió de la fuerza de trabajo o pasó a la desocupación. Fuente: panel de transición laboral, BCRD.

Para una empresa, la diferencia entre esas dos formas de leer el mercado es la diferencia entre saber que hay tráfico y saber a qué velocidad va su propio carro.

Lo que el Estado sí captura

Conviene ser preciso, porque la afirmación fácil sería que en la República Dominicana no se registran las salidas. Sí se registran. El Ministerio de Trabajo, a través del Sistema Integrado de Registros Laborales, recibe los movimientos de personal de las empresas formales —las contrataciones y las terminaciones— mediante sus formularios reglamentarios. El dato de entrada y salida bruta existe en el sistema del Estado.

Lo que no existe es la lectura. Ese flujo no se publica como un indicador que una empresa pueda usar para compararse, ni desagregado por sector, ni convertido en una tasa. La información está capturada y permanece ilegible para quien tendría que tomar decisiones con ella.

Las dos cifras privadas no coinciden

Cuando una empresa dominicana busca una referencia de rotación para saber si la suya es alta o baja, encuentra estimaciones privadas de firmas de consultoría, construidas sobre muestras propias y metodologías que no siempre se publican. Y encuentra que no concuerdan entre sí.

Una medición de mercado general ha ubicado la rotación promedio alrededor del 8%, con un rango que va del 4% al 15% según el sector. Un informe regional más reciente sitúa a la República Dominicana en una franja considerablemente más alta. Las dos referencias difieren por un factor cercano a dos.

×2 La distancia entre las dos únicas mediciones privadas de rotación del país. Dos estimaciones honestas del mismo mercado, sin un estándar común, llegan a números que se contradicen.

La discrepancia no significa que una esté equivocada. Significa que falta un estándar compartido de qué cuenta como una salida —si se incluye la desvinculación voluntaria, si se cuenta el fin de contrato temporal, si el período de prueba entra o no— y de cómo calcular la tasa. Sin una definición común, dos mediciones honestas del mismo país llegan a números que se contradicen. Ese es el estado real de la información sobre rotación en el mercado dominicano: existe la percepción, existen estimaciones aisladas, y falta el estándar que las haría comparables.

Lo que esto le cuesta a una empresa

El costo directo de una desvinculación se presupuesta y se absorbe. Es visible: aparece en la nómina, tiene un renglón. El resto del costo se paga sin registrarse. El conocimiento que la persona que se fue no alcanzó a transferir. La productividad que se difiere mientras el reemplazo aprende. La carga que recae sobre los equipos que permanecen y sostienen la operación durante la transición. Ninguno de esos tres tiene renglón, y por eso rara vez aparece desagregado en un análisis interno.

Lo que no se mide con precisión no se corrige con precisión. Una empresa que gestiona su rotación durante años sin los datos para entenderla termina atacando síntomas: sube un incentivo, reemplaza a un supervisor, rediseña la inducción. Algo mejora unas semanas, y el patrón vuelve, porque el patrón nunca se entendió. La decisión se toma sobre una impresión, y una impresión no distingue entre la causa y el ruido.

Dónde empieza la solución

El problema tiene un origen técnico antes que uno de voluntad. Las empresas capturan la entrada con disciplina —contrato, inducción, nómina— y dejan la salida en la memoria de un supervisor. El país mide el inventario con rigor estadístico y deja el flujo sin leer. La información que permitiría interrumpir el ciclo no está perdida: está sin estructurar, dispersa entre registros que nadie ha conectado para convertirlos en algo que una administración pueda usar.

Construir esa estructura es un trabajo, y es el trabajo del que se ocupa Nexurium. Antes de resolver la rotación de una empresa, hay que poder medirla. Antes de medirla, alguien tiene que construir la infraestructura que la captura. Ese es el orden, y es donde empieza todo lo demás.

NEXURIUMResearch

Nexurium es una firma dominicana de inteligencia de datos e infraestructura corporativa. Este análisis inaugura una serie sobre el costo de la información ausente en el mercado laboral dominicano.

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